El mar Mediterráneo volvió a encender sus alarmas. A estas alturas del 2025, más de 1.000 migrantes han perdido la vida intentando cruzar la peligrosa ruta central desde Libia hacia Europa. El último naufragio, ocurrido en la primera semana de noviembre, expuso con crudeza la dimensión de una tragedia que se repite año tras año.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) confirmó que una embarcación con 49 personas se hundió frente a las costas libias, cerca del campo petrolífero de Bouri. Del bote, apenas siete ocupantes sobrevivieron. Los otros 42 desaparecieron en el mar sin dejar rastro.
Seis días a la deriva
Los sobrevivientes —provenientes de Sudán, Nigeria, Camerún y Somalia— estuvieron seis días vagando entre hambre, sed y deshidratación. La lancha había partido desde algún punto al oeste de Libia, convertida en una trampa mortal por los traficantes que operan en la zona.
“Más de 1.000 migrantes han perdido la vida en lo que va de 2025 en el Mediterráneo central. Este naufragio es otro recordatorio de la urgencia de establecer mecanismos de rescate y rutas migratorias seguras”, advirtió la portavoz de la OIM desde Ginebra.
El año pasado, la cifra de muertes ascendió a 2.452, lo que convierte el corredor central en el más letal del mundo para quienes buscan escapar de conflictos y pobreza.
Libia, un punto de partida marcado por abusos
La inestabilidad política en Libia mantiene al país en manos de redes de tráfico de personas que operan con impunidad. Migrantes y refugiados quedan atrapados en un limbo donde los abusos, extorsiones y violencia son moneda corriente.
“Cada naufragio evidencia la ausencia de voluntad política y la indiferencia de las potencias europeas frente a una crisis humanitaria que se repite año tras año”, lamentan activistas de derechos humanos.
Llamado global: cerrar centros de detención y garantizar rutas seguras
Durante una sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, delegaciones de España, Noruega, Reino Unido y Sierra Leona exigieron al gobierno libio el cierre inmediato de los centros de detención de migrantes, donde se han documentado torturas, abusos sexuales y asesinatos.
Organizaciones humanitarias denuncian que miles de personas permanecen detenidas sin juicio, en condiciones deplorables y sin acceso a atención médica.
“El Mediterráneo no puede seguir siendo un cementerio. Los Estados deben garantizar vías seguras y legales de migración, y respetar los derechos de quienes buscan protección”, insistió la OIM.
Europa, bajo la lupa
Expertos advierten que la falta de coordinación entre los países europeos, la criminalización de las operaciones de rescate y el endurecimiento de las políticas migratorias están profundizando la crisis. Mientras tanto, el mar continúa cobrándose vidas.
Las cifras siguen subiendo. Las voces se multiplican. Pero en las aguas del Mediterráneo central, la tragedia persiste. (D.E)
